domingo, 9 de octubre de 2011

Para tener en cuenta..

¿Con qué fines se producen?

Las Industrias Agrarias y Alimentarias emplean especies de vegetales transgénicos en las que han insertado la información necesaria para que, por ejemplo:
  • Resistan determinados virus o plagas, mediante sustancias que repelen insectos.
  • Toleren herbicidas, por medio de enzimas que los degradan.
  • Aumente la calidad organoléptica (que se perciben por los sentidos) del producto.
  • Se modifique el contenido; por ejemplo, incrementando la proporción de ácidos grasos poliinsaturados, que mejoran el patrón de colesterol en el organismo, o bien disminuyendo la cantidad de sustancias indeseables.  

¿Son seguros los alimentos transgénicos?



El proceso de añadir nueva información genética a una especie es lo suficientemente costoso como para que únicamente se realice la modificación buscada y ésta será la única característica que distinga del resto de la especie; no se añade nada más.
De todos modos, para que se apruebe la incorporación de los transgénicos a la Industria Alimentaria, éstos deben pasar por numerosos controles de seguridad que están regulados por el Parlamento Europeo.


RIEGOS DE LOS TRANSGENICOS

Resistencia a los antibióticos: 

Un método común en la ingeniería genética aplicado a la creación de transgénicos lo constituye la introducción de genes que determinan cierta resistencia a los antibióticos denominados marcadores. Se utilizan con el fin de verificar que el el gen de interés efectivamente haya sido incorporado en el organismo huesped. Este es el caso del maíz transgénico que posee un gen resistente a la ampicilina por lo que una sola mutación de este inducirá una resistencia a los antibióticos del grupo de las cefaloporinas según el Dr. Salvador Bergel.

Recombinación de virus y bacterias dando origen a nuevas enfermedades: 


La abundante utilización de bacterias, virus y plásmidos en la creación de gmos (los cuales tienen un alto potencial recombinatorio) ha dado como resultado la creación de nuevas cepas patógenas de enfermedades existentes (más resistentes) o de nuevas enfermedades, según el Dr. Terje Traavik.

Mayor nivel de residuos tóxicos en los alimentos: 

Al ser resistente a los agroquímicos, los mismos son utilizados en grandes cantidades. Es el caso de la soja transgénica RR (Round Up) resistente al herbicida glifosato. Esta soja, que tiene genes de bacteria insertado en su estructura genética, resiste hasta tres veces más glifosato sin destruirse y, en el momento de cosecharse, los porotos de esta leguminosa contendrían cantidades 200 veces mayor de glifosato que las convencionales.

Generación de alergias:

La mayoría de los alimentos transgénicos contendrán proteínas para las cuales no se tienen métodos seguros para determinar si poseen o no capacidad alergénica. Las propiedades alergénicas pueden ser, a través de la ingeniería genética, trasferida de un alimento alergénico a otro que no lo es. En el año 1999 el York Nutrition Lab. de Inglaterra incluyó por primera vez la soja entre los diez posibles alergénicos en la alimentación humana y los casos de alergias subieron 50% en los años en que se introdujo la soja transgénica en el país(coincidiendo con la masificación del uso de soja genéticamente modificada en los últimos tiempos).

Efectos secundarios de fármacos transgénicos: 

La incertidumbre sobre la inocuidad de los transgénicos utilizados en medicina queda en evidencia en este caso: En mayo de 1999, la Asociación Diabética Británica, dio a conocer un informe realizado en el año 1993, donde unos 15.000 miembros de dicha asociación (el 10%) denunciaron diferentes grados de molestias físicas desde que usaron la insulina transgénica. Los cambios reportados iban desde que no hacía efecto o efectos secundarios ligeros como mareos y dolores de cabeza hasta casos muy graves como la ausencia de síntomas en presencia de hipoglicemia y de entrada a coma diabético.

Efectos desconocidos y no previsibles, incluso mortales: 

Al hacer una modificación genética existe un elevado nivel de incertidumbre y falta de seguridad porque las técnicas utilizadas no son precisas. Según la Dra. Mae-Wan Ho de la Open University en Inglaterra, el nivel de impresición no permite, por ejemplo, controlar la ubicación del nuevo gen en la cadena cromosómica o de sus "restos" pudiendo quedar fuera o dentro del núcleo recombinandose con imprevisibles consecuencias. Un ejemplo de esto lo constituye el triptófano transgénico: el triptófano es un suplemento alimentario de venta común en su versión no transgénica. La empresa japonesa Showa Denko produjo triptófano transgénico con una bacteria y lo envió masivamente al mercado al no advertir diferencias con la versión no transgénica y habiendo pasado todos los controles de las agencias estadounidenses: murieron 37 personas y 1500 quedaron con graves secuelas permanentes por ingerir triptófano transgénico: se había creado una molécula tóxica y nadie supo como sucedió eso.

Peligros para el medio ambiente
Transferencia de la propiedad transgénica a cultivos nativos, criollos o plantas silvestres emparentadas: a través de la polinización cruzada (por el viento o los insectos polinizadores) cruzándose entre sí y convirtiendo a cultivos convencionales en transgénicos.

Transferencia horizontal: es el intercambio de información (material) genética entre especies no relacionadas entre sí. Este es un fenómeno que se da a nivel vegetal de forma natural y se ha detectado que también se produce de especies transgénicas a otras no transgénicas, incluso bacterias y virus del suelo.

Muerte de insectos no objeto: Los cultivos transgénicos Bt fueron modificados con los genes de la toxina de la bacteria Bacillus Thuringiensis para provocar en ellos resistencia a los lepidópteros. El polen de estos cultivos -maíz, por ejemplo-, puede matar a las orugas de otras especies (como la mariposa monarca) como lo demostró la Universidad de Cornell en 1999 y reducen la abundancia de heterópteros, abejas, aves y carábidos depredadores.

Generación de resistencia: El uso masivo de la toxina Bt, de glifosato y otros herbicidas está generando resistencia en las plagas de insectos y malezas que se propone combatir. Ya se han encontrado poblaciones de orugas resistentes al Bt y "supermalezas": tal es el caso del ryegrass y del ballico annual, una de las malezas más comunes en Australia.

Mayor contaminación química: Por ser genéticamente resistente a los pesticidas, los cultivos transgénicos (ej.: la soja resistente al herbicida glifosato) son fumigados con cantidades hasta tres veces mayores que en los cultivos convencionales y, al crear resitencia en plagas, obliga a los agricultores a combinarlo con agroquímicos mucho más tóxicos. 

viernes, 7 de octubre de 2011

Ejemplos de alimentos transgénicos


Vegetales resistentes a las plagas, tomates que no se pudren tan rápidamente, semillas de arroz enriquecidas con vitaminas, carne de animales y aves modificados genéticamente y huevos con aditivos son solo algunos ejemplos de alimentos transgénicos que consumimos diariamente.
Seguramente nos ha pasado de ir a un gran almacén y notamos frutas y verduras que parecen sacados de una película o un  de publicidad, ¿Cree usted que estos productos son mejores?...
 de los alimentos básicos en nuestra pirámide nutricional es la leche. Lo que posiblemente ignoremos es que la mayoría de la producción mundial de leche es transgénica. Los bovinos son inyectados con una hormona de crecimiento  que es propiedad de Monsato y que les hace producir hasta el doble de leche. Esta hormona (la rBGH) esta relacionada con el cáncer de mamas, próstata y colon.
El trigo también ha sido modificado genéticamente para hacerlo resistente a las sequías, las plagas e insectos, y en la actualidad cada día son más las personas que se han vuelto intolerantes a este alimento (celíacos)
La soja y el maíz son de los alimentos sobre los cuales más se ha trabajado genéticamente produciendo mutaciones resistentes a casi todo pero que cuando son procesados y consumidos tienen “efectos colaterales” sobre nuestro organismo.
El arroz genéticamente modificado para que contenga mayores proporciones de vitaminas ha sido rechazado por países como Japón por ejemplo, dado que todavía no se conocen las consecuencias que pueden ocasionar en nuestro organismo su consumo cotidiano y masivo.
Las grandes corporaciones aseguran que es necesario este tipo de manipulaciones genéticas en los alimentos para poder producir la cantidad necesaria, a un costo bajo para alimentar a toda la población mundial, justificándose, mientras que los ecologistas plantean que la cantidad de alimento que se produce en el mundo es suficiente para todos sus habitantes, pero que está mal repartido.


Mientras tanto, cada día aparecen de la nada nuevas patologías relacionadas con el consumo de cierto tipo de alimentos que fueron modificados genéticamente.

lunes, 3 de octubre de 2011

Europa, comida extraterrestre


Principales especies cultivadas de alimentos genéticamente modificados
los principales cultivos genéticamente modificados para alimentación que se utilizan hoy en día son soya, maíz, canola, tomate, papas y calabza; considerándose los tres principales soya, canola y maíz.
por su repercusión en Europa, los casos de la soya y el maíz transgénicos resultan de especial relevancia. la soya se utiliza en un 40-60% de los alimentos procesados: aceite, margarina, alimentos dietéticos e infantiles, cerveza, etc. el 2% de la soya producida en Estado Unidos es transgénica, de la que un 40% se exporta a europa.
la utilización de plantas transgénicas en programas de mejora se va incrementando día a día. algunos expertos han llegado incluso a predecir que hacia el año 2014, el 85% de la producción agrícola en europa lo será de plantas transgénicas.
nota: "canola" es una combinación de dos palabras: canadiense y aceite (oil). la canola fue desarrollada por cultivadores canadienses con técnicas tradicionales de cultivo, específicamente por sus cualidades nutricionales. las semillas se prensan, obteniéndose el aceite de canola para consumo humano, y el resto se procesa para obtener alimento para ganado. reconocida ya por sus beneficios para la salud, la investigación ahora se está llevando a cabo para mejorar aun más el perfil nutricional de la canola.

China, a la hora de comer. . . .


El Congreso Popular Nacional de China, el parlamento del país, está impulsando una ley para el manejo de los alimentos genéticamente modificados (GM), aunque todavía se desconoce cuándo se aprobará tal legislación.  
La agencia oficial de noticias Xinhua ha informado de que la legislación cubrirá la importación y la exportación de alimentos transgénicos, así como la producción, el desarrollo y las investigaciones de granos genéticamente modificados.
China se ha mostrado muy cautelosa sobre los alimentos genéticamente manipulados, por lo que la posible aprobación de esta ley ha causado controversia en el país por las dudas sobre la seguridad del arroz transgénico, ya que el cereal es el alimento básico de 1.300 millones de personas.
El parlamento probablemente apruebe un proyecto de ley de seguridad de los granos en el 2011, que reforzará la responsabilidad de los funcionarios de los Gobiernos locales para aumentar la producción de granos, a fin de garantizar un amplio suministro a la población.

*Invasión de Transgenicos* Europa.


En 1950 bajo la bandera de la Revolución Verde, se inició una etapa de desarrollo agrícola sin precedentes. Avalada por organismos internacionales como el Banco Mundial, la floreciente industria de la agricultura confió en el uso de pesticidas y fertilizantes como vía rápida para resolver el hambre en el mundo. Sin embargo, esta meta sólo contribuyó a mantener el crecimiento del déficit de la balanza alimentaria de los países pobres, al tiempo que aumentaba los excedentes en los países ricos.
Cuatro décadas más tarde los grandes "popes" de la economía global, impulsados nuevamente por el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, nos auguran una segunda Revolución Verde. Esta vez de la mano de la biotecnología llegan los alimentos transgénicos.
Llamados también organismos modificados genéticamente (OMG), los transgénicos son organismos vivos creados artificialmente a los cuales se introduce uno o varios genes de otro ser vivo (virus, bacteria, vegetal, animal o humano). Se franquea así la barrera entre especies generando seres vivos que no existían anteriormente. El resultado de este cruce genera sin duda semillas mejoradas, que además de resistir la acción de plagas e inclemencias del clima, pueden crecer en condiciones extremas, lo cual garantiza las cosechas y optimiza los rendimientos.
No obstante, tras la bondad de estos datos se encuentra una realidad alarmante. Los riesgos sanitarios a largo plazo de los OMG presentes en nuestra alimentación o en los animales de los que nos alimentamos, no están siendo evaluados y su alcance sigue siendo desconocido, ya que los estudios de impacto se están realizando a posteriori. De sus resultados se ha estimado que puedan aparecer alergias, resistencia a los antibióticos, efectos acumulativos y carcinogénesis. El impacto puede llegar a ser irreversible, valga como ejemplo el desastre producido por la compañía japonesa Showa Denko que diseñó una bacteria que se empleaba en estos cultivos. Las consecuencias fueron funestas: 37 personas muertas y 1500 con daños permanentes.
El otro gran perjudicado es el medio ambiente. Además de la contaminación tradicional por el uso de pesticidas y plaguicidas que aplicados a los OMG se denominan biocidas, se acuña un nuevo concepto de degradación del ecosistema: la erosión genética. Esto supone la contaminación de especies silvestres con pólenes de plantas modificadas, lo que produce una homogenización de la diversidad biológica y por lo tanto conduce a la desaparición de multitud de especies, que constituían centros de diversidad.
Pero, ¿qué intereses se ocultan tras estos alimentos? A juzgar por las cifras son numerosos. Hasta el 2002, los OMGs ocupaban el 16% del total del área mundial, con cuatro especies básicas (58% de soja, 12% de maíz, 12% de algodón y 7% de canola). Se estima que el mercado de los transgénicos llegará a cotizarse en algo más de 3.000 millones de dólares para finales este año, con un crecimiento anual del 10%.
A la cabeza de esta tecnología se encuentran grandes transnacionales como Monsanto, Novartis, Aventis, DuPont, Bayer, Hi-Breed y Astra-Zeneca. La biotecnología se ha convertido en un multimillonario negocio de unas cuantas empresas formadas por sociedades anónimas, que a través de la venta, fusión o absorción, pueden aparecer o desaparecer convertidas en otras, eludiendo así posibles responsabilidades de daños a medio y largo plazo. No es raro que los países desarrollados, especialmente EEUU, principal exportador del mundo, sean los más interesados en este negocio, ya que las grandes corporaciones biotecnológicas pertenecen a ellos.
La mayoría de las innovaciones en este campo están motivadas por criterios económicos. De hecho se crea una dependencia directa del agricultor con estas grandes empresas, debido a que los cultivos transgénicos son plantas patentadas con derechos de propiedad intelectual que prohíben a los agricultores reproducir, intercambiar o almacenar semillas de su propia cosecha. También nos encontramos con semillas estériles en su segunda generación, o semillas suicidas con características que pueden ser activadas o desactivadas por sustancias "reguladoras". Por supuesto, comercializadas sólo por estas industrias, lo que implica una inversión anual para garantizar sucesivas cosechas y asegurarse pingües beneficios.
En mayo de 2003 Estados Unidos denunció ante la Organización Mundial del Comercio la moratoria europea a la comercialización de nuevos OMGs. En ella, la Unión Europea (UE) establecía un férreo control sobre los alimentos transgénicos. La posibilidad de comercializar nuevas especies era prácticamente nula. Resulta paradójico que sólo dos meses después de la denuncia y de las duras declaraciones de Bush acusando a la UE de connivencia con el hambre en los países pobres, ésta haya aprobado un nuevo reglamento sobre comercialización y etiquetado de alimentos modificados.
Sospechas no infundadas surgen al comprobar que este nuevo reglamento disminuye el control de estos alimentos admitiendo la presencia de hasta el 0,9 % de sustancia contaminante que no deberá ser indicada en el etiquetado. Sospechas también cuando las grandes corporaciones estadounidenses van a tener un nuevo mercado en Europa que incrementará significativamente sus beneficios. El camino abierto a los transgénicos nos augura un futuro gris. Hasta ahora, en Europa se comercializaban 18 especies modificadas; con el nuevo reglamento podrían incrementarse al doble en tan sólo unos meses. Además, aunque el etiquetado es obligatorio, las normas resultan confusas en algunos puntos, no garantizando el derecho de libre elección del consumidor.
Es alarmante constatar que al tiempo que estas grandes multinacionales se enriquecen concentrando la producción agrícola, millones de personas pierden el legado histórico de su entorno natural y ven desaparecer su medio de vida. "Somos lo que comemos", decía Hipócrates. Pero, ¿qué comemos?.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Consecuencias.


Consecuencias del uso de Transgénicos





Los riesgos sanitarios a largo plazo de los transgénicos presentes en nuestra alimentación o en la de los animales cuyos productos consumimos no han sido evaluados seriamente y su alcance sigue siendo desconocido. Nuevas alergias, y aparición de nuevos tóxicos son algunos de los riesgos que corremos al consumirlos.


Una vez liberados al medio ambiente los transgénicos no se pueden controlar. La contaminación genética pone en peligro variedades y especies cultivadas tradicionalmente, y es irreversible e impredecible, no se puede volver a la situación de partida. 

Las variedades transgénicas pueden contaminar genéticamente a otras variedades de la misma especie o a especies silvestres emparentadas. Por ejemplo, en México, el centro de diversidad y origen mundial del maíz, los maíces transgénicos importados de Estados Unidos están contaminando las variedades tradicionales. 

El aumento del uso de productos químicos eliminan o afectan gravemente a la flora y a la fauna. Con las plantas tolerantes a herbicidas, el agricultor debe usar cada vez más cantidad de agrotóxicos para acabar con las llamadas "malas hierbas". Hoy por hoy existen datos que demuestran que, debido a esto, se están utilizando muchos más pesticidas en los cultivos transgénicos que en los convencionales. Con esto, la presencia de glifosato (el herbicida asociado a la soja transgénica RR de Monsanto) en el suelo, en las aguas y en los alimentos es cada vez mayor.

La introducción de los OGM en la agricultura exacerba el monopolio de unas pocas multinacionales sobre la producción de alimentos. Sólo un puñado de empresas (el 90% de los transgénicos están en manos de Monsanto) controlan el mercado de estas semillas y de los productos químicos asociados. Estas multinacionales han patentado sus semillas, han decidido ponerle precio a la vida, cuando la riqueza de la biodiversidad siempre ha sido un patrimonio de los pueblos y nunca ha tenido propietarios que pudieran cobrar a un campesino por utilizar las semillas de sus propias cosechas. La semilla, además de ser un insumo clave para los productores es la base de la soberanía alimentaria: no pueden pertenecer a unos pocos en detrimento de la inmensa mayoría.

Los transgénicos llegaron con la promesa de erradicar el hambre en el mundo, basados en una agricultura de tipo industrial llamada “revolución verde”. Sin embargo, los resultados están a la vista. La revolución verde fue una campaña de gobiernos y empresas para convencer a los agricultores de países en desarrollo para que sustituyeran cultivos autóctonos por variedades de alto rendimiento dependientes de productos químicos y fertilizantes. 

Lejos de constituir un medio para luchar contra el hambre, con los transgénicos han aumentado los problemas alimentarios. Los países que han adoptado masivamente el uso de cultivos transgénicos son claros ejemplos de una agricultura no sostenible. En Argentina, por ejemplo, la entrada masiva de soja transgénica exacerbó la crisis de la agricultura con un alarmante incremento de la destrucción de sus bosques nativos, el desalojo de indígenas, campesinos y trabajadores rurales, un aumento del uso de herbicidas y una grave sustitución de la producción de alimentos para consumo local.

La política de concentración promovida por Monsanto ha creado un modelo de sociedad donde unos pocos se llevan los beneficios a costa de la mayoría y donde se incrementan las diferencias entre pobres y ricos. En Argentina, por ejemplo, 160.000 familias tuvieron que abandonar sus tierras en la última década porque no podían competir con las grandes agropecuarias.

La Tierra produce comida suficiente para alimentar a toda la población mundial. El problema del hambre se debe al mal reparto de los recursos y se puede resolver con decisiones políticas. En las condiciones actuales de organización de los mercados un aumento de la producción no serviría para abastecer a los más necesitados sino para aumentar la concentración de la riqueza.

La solución al hambre y la desnutrición pasa por el desarrollo de tecnologías sostenibles y justas y por el empleo de técnicas como la agricultura y la ganadería sustentables. Éstas ya existen pero carecen del apoyo necesario para su puesta en marcha o para su generalización. La industria biotecnológica utiliza su poder comercial y su influencia política para desviar los recursos financieros que requieren estas soluciones duraderas y sostenibles.





Organismo Genéticamente Modificado





Un transgénico es un Organismo Genéticamente Modificado (OGM), un organismo vivo que ha sido creado artificialmente manipulando sus genes. Las técnicas de ingeniería genética consisten en aislar segmentos del ADN (el material genético) de un ser vivo (virus, bacteria, vegetal, animal e incluso humano) para introducirlos en el material hereditario de otro. 

La diferencia fundamental con las técnicas tradicionales de mejora genética es que permiten traspasar las barreras entre especies para crear seres vivos que antes no existían en la naturaleza. Se trata de un experimento a gran escala basado en un modelo científico que está en discusión ya que el conocimiento sobre el funcionamiento de los genes es todavía muy limitado y las técnicas actuales de ingeniería genética no permiten controlar los efectos de la inserción de genes extraños en el ADN de un organismo.

Los transgénicos llegaron con la promesa de erradicar el hambre en el mundo, basados en una agricultura de tipo industrial llamada “revolución verde”. Sin embargo, los resultados están a la vista: la frontera agrícola avanzó sobre los bosques nativos, se produjo pérdida de biodiversidad, se concentró la tenencia de la tierra, aumentó considerablemente el uso de agroquímicos, se contaminaron los suelos y se perdió soberanía alimentaria.